Cuando entramos en una cafetería nuestra vista traza una panorámica que empieza en las mesas y sillas más retiradas y acaba en los taburetes emplazados cerca de la barra.

Donde sentarse? Terrible decisión.

Es necesario analizar la situación y barajar todas las posibilidades porque las circunstancias de elección varian si el desayuno se va a realizar en solitario, en compañía, con prisas o sin ellas.

Cuando desayunamos acompañados o sin prisas la mejor opción son las mesas. Resultan más intimas, menos cercanas al bullicio de la barra, permitiéndote la lectura del periódico y aislándote del resto de parroquianos si estas sola y creando algo de intimidad a la conversación si estas acompañado.

En cualquier caso, dentro de esta opción, también la elección de la mesa dependerá de la compañía. Aun cuando estés solo y sin prisas, al escoger la mesa la tendencía hacia las que se encuentran cerca del cristal es mayor, porque siempre podemos cotillear hacia la calle y dejar vagar nuestra imaginación.

Pero si no se dispone de mucho tiempo y, además, estás solo, la mejor opción, bajo mi perspectiva, son las banquetas de la barra. La cercanía al camarero siempre es buena para acelerar el proceso y si, encima, es la cafetería habitual, siempre se puede entablar una pequeña conversación con él sobre el tiempo, la familia, el trabajo y todas esas banalidades sobre las que enfocar una pequeña conversación entre semidesconocidos.

A estas alturas, he de confesar que mi opción preferida es un taburete al principio de la barra, justo donde ésta ejecuta una ele, creando un rinconcito semiaislado del resto del local y desapercibido a la entrada. Un lugar ideal para ver sin ser vista, para desayunar de forma rápida pero tranquila y tener cerca al camarero.

Por eso, cuando me encamino todas las mañanas a la cafetería donde habitualmente desayuno, en mi interior ruego porque ese taburete esté libre.