Estos días libres han sido de descanso, pero también para admirar, una vez más, pueblo ya de sobra conocidos. Es el caso de Villanueva de los Infantes.

Siempre que vamos al pueblo tenemos que pasar por él y cuando tenemos un rato libre, aprovechamos para hacer una visita.

El sábado fuimos temprano, con la idea de desayunar chocolate con porras y después, enseñar a mi hermano y su novia los lugares más emblemáticos.

Además de tener una zona central semipeatonal, lo cual permite pasear tranquilamente y disfrutar de la vista de muchas casas magníficas, tiene una gran plaza con una gran zona de balconadas típicas de la zona y una iglesia construida con el material habitual de la zona, piedra de moliz.

En este pueblo se encuentra la hospedería real llamada "El buscón de Quevedo", muy recomendable si quieres pasar un fin de semana y donde, además, se puede visitar la celda donde murió Francisco de Quevedo. el resto del establecimiento también es muy recomendable, aun cuando no se esté hospedado.


En la calle principal, que es peatonal podemos disfrutar de la vista de antiguos palacios de infantes de españa y, en particular, la casa del Caballero del Verde Gabán. Aunque es bastante complicado encotrar la puerta abierta, esta vez hemos podido contemplar su patio interior.

De esta casa y otras peculiaridades es el motivo que Villanueva de los Infantes y Argamasilla de Alba se disputen el hecho que Cervantes empezara su libro diciendo "en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme............"

¿Será Infantes o será Argamasilla? la polémica lleva muchos años encima de la mesa.

Lo que si es cierto que es un pueblo que merece una visita, es muy bonito y, además, siempre hay mucho ambiente y varios restaurantes donde degustar la cómida típica de la zona: gachas, migas del pastor, pisto manchego, asadillo, galianos, ropavieja, duelos y quebrantos y, de postre, una buena porción de queso curado manchego con membrillo.

No os lo perdais, merece la pena.